Autismo, inclusión y realidades sociales.

Como dijo Antonio Machado, peor que ver la realidad negra es no verla: La realidad es que uno de cada 150 niños españoles está diagnosticado dentro del espectro autista.
Y como diría Ana Frank, “Tuve la suerte de ser arrojada bruscamente a la realidad”.
La realidad es que el autismo es un problema nacional multisectorial para el que no hay respuestas adecuadas ni el ámbito sanitario, ni de atención temprana, ni educativo, ni servicios sociales, ni empleo, ni de vida independiente; ante lo cual parece que la solución es cerrar los ojos.
En relación a la escolarización, si algo tenemos claro las familias es que es responsabilidad de las Administraciones públicas garantizar los recursos materiales y personales necesarios para una escolarización digna, en inclusión y en igualdad de oportunidades de los alumnos con TEA. Incluir a un niño con TEA no implica darle una silla y un pupitre, implica realizar los ajustes razonables necesarios en los entornos ordinarios, con los medios personales y materiales que los niños necesiten. En definitiva, implica hacer realidad en la vida de nuestros hijos los Derechos que la Convención de Derechos Humanos les reconoce, y es que el día de mañana no vamos a poder construir un mundo a su medida. Tal vez, para no ser hipócritas, deberíamos plantearnos todos si queremos que vivan en este mundo.
La realidad es tozuda, y las familias estamos y nos sentimos solas. Falta de recursos, falta de formación del profesorado, falta de compromiso político, porque no olvidemos que los delegados de educación de las distintas provincias son cargos políticos. A lo que sumamos que  el ministerio de Educación cierra los ojos, y que en las distintas Comunidades Autónomas se siguen promulgando Decretos que vulneran los principios más básicos relacionados con la patria potestad de los padres y los derechos fundamentales de cualquier niño, de cualquier niño que no tenga etiqueta, porque si el niño tiene etiqueta no tiene los mismos derechos.
Las familias están, estamos (porque antes o después pasaremos todos) en los juzgados, por declarase “insumisas” ante opciones de escolarización para sus hijos que no consideran adecuadas, cuando no se les imputa el delito de abandono de familia.
Esas son nuestras realidades: los padres obligados a reclamar monitores en la calle, los niños en casa mientras se decide en los tribunales si tienen derecho o no a ir al colegio ordinario, falta de docentes especialistas formados, niños a los que se les niega el derecho a asistir a excursiones… o ir en el transporte escolar...y podemos seguir porque el Libro Rojo de la Educación española es amplio, y sigue creciendo.
Realidades ante las que no hay alternativa. La incidencia del autismo asusta, pero cerrando los ojos, la realidad no va desaparecer. Solo cuando  quienes son nuestros interlocutores ante las administraciones asuman la representación de todo el colectivo, y defiendan y representen a todas las familias, solo en ese momento, dejaremos de estar y sentirnos solos, solo en ese momento podremos hablar de una educación  y una vida digna para nuestros hijos.
La Convención de Derechos  Humanos debe marcar el inicio de un nuevo párrafo en la historia del asociacionismo español. Solo universalizando y prestando servicios en entornos ordinarios podremos dar respuesta a las necesidades del colectivo (las cifras, como suele decirse cantan). Solo defendiendo de forma activa a las personas a las que se representa, podremos cambiar las realidades.
Esther Cuadrado